La Física y el cuento

(Física y Literatura no están reñidas.

Por eso un cuento puede ayudar a comprender conceptos físicos)

 

El jefe cavernario

 

Cuando el “hombre oso” fue elegido jefe del clan cavernario, tuvieron en cuenta sus compañeros la enorme fuerza física que poseía, su habilidad para dirigir la caza y el valor exhibido frente al temible mamut. Pero, además de esas razones, consideraron otras dos. De una parte el reconocimiento de que era un hombre justo, preocupado siempre porque sus convecinos repartieran equitativamente las escasas riquezas del clan. De otra, el que dentro de su cerebro bullían a veces luminosas ideas, anticipo del futuro “homo sapiens”.

En la luminosa mañana acaba de concluir con éxito una de las duras jornadas de caza. Y como solía acontecer cuando comenzaban a repartir los restos del botín, aparecieron las inevitables disputas porque unos creían que les había tocado menos parte que a otros camaradas. El jefe, blandiendo en alto la maza, ordenó enérgico que se suspendiese la distribución y ahora cavilaba image002sentado debajo de un corpulento árbol.

No fue preciso esperar mucho tiempo. Con semblante risueño, alzose al fin, cogió un palo resistente y lo colocó horizontal sobre la horquilla del árbol que le había cobijado. Luego tomó algunos de los trozos de carne ya cortados, los levantó en vilo, los volvió a dejar en el suelo y repitió la operación con unas piedras. Después, despacio, ató una de las piedras en el extremo derecho del palo, inicialmente  horizontal, y en el izquierdo enganchó sucesivos pedazos de carne hasta que el conjunto se inclinó del lado donde se hallaba la carne. Entonces, con su afilado cuchillo de silex, fue cortando trozos de esta hasta que el palo quedó completamente nivelado con la piedra colgada de uno de sus lados y el despojo del otro.

El gesto que realizó fue inequívoco y todos lo entendieron. Cada uno se llevaría una porción equivalente a la que estaba en ese momento suspendida del tronco.

En su lenguaje sin palabras, los cavernarios alzaron los brazos aclamando la sabiduría del que habían elegido por jefe, un hombre justo y sabio que acababa de inventar la balanza.

 

 (Historieta escrita por uno de los autores de esta web que aparece en el texto “Física y Química”, Secundaria 2000, Editorial Santillana 1998. Texto elaborado por la coautora de la página y otros miembros del departamento de Física y Q al que ambos pertenecían.)

 

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