La Física y el cuento

(Física y Literatura no están reñidas. Por eso un cuento puede ayudar a comprender algunos conceptos físicos)

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La isla diabólica

 

En medio del inmenso océano emergía del agua un extraño islote desconocido para los navegantes. Se trataba de un paraje especial por dos motivos. El primero, por los Descripción: Descripción: Descripción: image002pobladores que habitaban en él y el segundo por su extraña estructura.

Los residentes en el lugar pertenecían a una extraña tribu de diablillos que pasaban la vida moviéndose por todo el territorio sin descanso. Pero ese movimiento, y ello era la segunda peculiaridad del sitio, solo se podía realizar por unos determinados senderos ya que el resto era inaccesible a los pequeños diablejos.

Los permanentes paseos de estos andadores eran programados por el Gran Diablo, amo absoluto del territorio, y consistían en realizar constantes carreras por diferentes itinerarios que él había escogido y señalizado. Curiosamente, el Gran Satán era un devoto de los números y tenía todo preparado para medir las magnitudes que afectaban a las andanzas de los corredores. Pero además tenía establecidas las leyes matemáticas que relacionaban todas esas magnitudes de su mundo diabólico con todo rigor. 

Para que los diablillos pudieran transitar sin descanso era necesario alimentarlos, algo que se hacía en un lugar llamado “el alimentador”, donde se les proporcionaba alimentos suficientes para realizar todo el recorrido. Luego iniciaban este circulando por “caminos” en los que el transito era fácil hasta que encontraban algunos “tramos duros” por los que resultaba difícil caminar. Allí gastaban parte de la alimentación recibida, gasto que en cada tramo se medía con un dispositivo especial, el “contador de desgaste”. En distintos lugares existían también “contadores de paso” que medían el número de diablillos que cruzaban por ese punto del camino en cada unidad de tiempo.

Estaba meticulosamente planificado que cuando se atravesaba un determinado “tramo duro”, a doble número de diablos que pasaban en la unidad de tiempo correspondiera siempre doble consumo alimentario. Pero también ocurría que si gastando más alimentación se hacía pasar mayor número de diablillos por el tramo en cuestión, el gasto por diablillo era siempre el  mismo. Algo que se comprobaba dividiendo lo que señalaba el “contador de desgaste” por lo que marcaba el “contador de pasos”. Eso sí, la cifra obtenida era en todas las ocasiones la misma para cada  “tramo”, pero diferente para otro distinto.

Evidente resultaba que la dificultad que oponían al paso de los diablillos esos “tramos duros” dependía de varias cosas. Una, de lo largos que fueran, porque cuanto más largos más costaba atravesarlos. Dos, de su anchura, ya que cuanto más ancho fuera el sendero más facilidades ofrecía a ser transitado. Y tres, la naturaleza de las dificultades. No era igual transitar entre matorrales con pocas plantas que hacerlo cuando esas plantas estaban casi pegadas unas a otras. Por ello “tramos duros” de igual longitud y anchura ofrecían mayor o menor dificultad según como fuera su naturaleza.

Pero estaba todo preparado para que esas relaciones no fueran arbitrarias. De forma que en todas las ocasiones ocurría que al recorrer doble longitud había exactamente doble dificultad y cuando  la anchura era también doble la dificultad se reducía siempre puntualmente a la mitad.

Al concluir cada paseo los diablillos debían valorar la “pujanza” que habían tenido para atravesar cada tramo duro. Que era el desgaste alimentario que habían experimentado por unidad de tiempo.

Y así transcurría la existencia en el diablesco lugar.

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Este cuentecillo es obra de un estudiante con interés por las ciencias que  tiene una imaginación portentosa y es capaz de imaginar las aventuras más extrañas y originales. Cuando el primer lector del relato le preguntó quien le había inspirado tal historia, contestó que el estudio que acababa de hacer en Física de un fenómeno que se llamaba corriente eléctrica.

-Que encaja al dedillo con el cuento que acabo de escribir porque además he comprobado experimentalmente todo lo que ocurre – afirmó.

- Y he montado un video que lo explica todo – añadió.

 

Para comprobar los argumentos del cuentista pulsar en vídeo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La naturaleza de los “diablillos” en los metales

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La teoría atómica establece que  la materia está formada por átomos con protones (cargas positivas) y electrones (cargas negativas).

En los metales los protones y algunos electrones están aparentemente inmóviles. Pero otros se mueven como los diablillos del cuento.

La unidad de carga debería ser la carga elemental del electrón o del protón, iguales en cuantía. Motivos históricos y su escaso valor han llevado a utilizar la que aparece en la imagen.

 

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